Recuerdos y Pesares

Me miras, te miro,
somos dos desconocidos estudiándonos.
La vida tiene esas cosas Padre,
Yo envejezco y tú vuelves a ser niño.

Eres un niño asustadizo pero con voz cascada.
Eres tú,
el padre que siempre adoré,
y no te reconozco.

Cierro los ojos, esto es un sueño,
todo volverá a ser como antes.
Dios en su grandeza, me está regalando más tiempo
y no sé aprovecharlo.

Cierro los ojos, te veo, con esa mirada
que pide clemencia,
y siento un dolor tan profundo
que me cuesta contener las lágrimas.

Eres tú.
El padre que marcó mi vida,
te estás despidiendo, de a poco, de a puchos.

Nos decimos cuanto nos queremos,
nos besamos, te acaricio, das las gracias, sin reconocerme.
Cierro los ojos, esto es un sueño,
todo volverá a ser como antes.

Lelia Di Nubila- libro Reconociéndonos

Reconociéndonos

Esa sombra que se recorta en la cama,
en el centro mismo de la habitación.
Me miras con los ojos perdidos, sin ver.

¿Quién eres?

No puedo reconocerte.
Me niego a reconocerte, Padre.

Sigo viéndote fuerte,
tu figura recortada en el vano de la puerta, cubriéndolo.

¿Quién eres?

No puedes ser tú,
me niego a reconocerte.

Lelia Di Nubila- libro Reconociéndonos

Santiago Facundo

Lo presentí, lo soñé, lo viví
antes que sus padres.

Sus ojitos me miraban
antes de nacer.
Cerraba los ojos y rodeado de un halo violeta
estaba nuestro bebé.

El bebé de la familia.
El primer nieto.

Fueron largos meses de espera, y hoy,
con sus siete ya cumplidos,
nos estira los bracitos desde el andador.

Gracias Señor…
Gracias por vivir este sueño.
El mejor.
El de los abuelos.

Lelia Di Nubila- libro Reconociéndonos

Esperanzas

Si tendiste una mano a alguien aunque sea una vez…

Si miraste con dulzura un niño

Deseando que crezca feliz.

Si se te estrujó el corazón

Cuando un niño se te acercó ofreciéndote en venta alguna baratija.

Si viste una manita tendida y te dolió profundamente.

Si reíste, si lloraste, si te emocionaste, si te enojaste… No todo está perdido.

Todavía estas construyendo, la indiferencia no te ganó.

Gracias, por la mano tendida.

Gracias por la sonrisa.

Gracias, por la esperanza.

Lelia Di Nubila

En que momento…

¿En qué momento decidiste irte y dejarnos solos?
¿En que momento,
te fuiste y dejaste tu sombra
para que no te extrañáramos?
¿En qué momento?
¿Cuándo decidiste que ya estabas cansado
y te retiraste a esta siesta prolongada?
Es otra de tus bromas,
entraré en la casa y te encontraré sentado en el sillón,
o comiendo en la esquina de la mesa, en tu trono.
Ese lugar tan especial.
O estarás trabajando y me recibirás
con esos cariñosos apodos
a que me tuviste acostumbrada
desde mi más tierna infancia
Como siempre pensaste en todo,
te retiraste lentamente
para que no nos diéramos cuenta pero desde allí y…
con esa mirada cansada no estás cuidando.

Lelia Di Nubila -libro Reconociéndonos

LLorando en silencio

Hay dolores profundos que nos postran.

Sentimos que no podremos recuperarnos.

Ya los pase, ocupan un lugar muy profundo en mi corazón.

Hoy siento tristeza, la tristeza que trae la desilusión.

Cuantas personas que ayer me acompañaban hoy dan la espalda.

Porqué?

Porque en los momentos difíciles reconocemos la fidelidad.

El miedo hace retroceder.

Sólo los fieles, los íntegros permanecen de pie, los otros, tropiezan

y está en nosotros tenderles una mano o dejarlos ir.

Señor, cuántas manos deberé tender…?

Lelia Di Nubila